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Antonio Guijarro Campoy

http://www.antonioburgos.com/abc/2011/01/re011911.html

Algueró... y Guijarro

No es que yo quiera estropear el gorigori nacional que han montado en la muerte de Augusto Algueró, con el topicazo de la banda sonora de una época. Sin quitarle mérito alguno a su talento musical y a su capacidad creadora, sólo quiero defender la memoria de unos autores de los que nadie habla en esta España que Pemán llamó «la nación de los grandes entierros»: los letristas de las canciones cuya música compuso Algueró.

Simplemente quiero hacerles ver que Algueró no escribió «La chica yeyé». Compuso, que no es lo mismo, una melodía que hasta que llegó su letrista sólo decía: «Tararára, tarará, tá, tá». Hasta que vino el cartagenero Antonio Guijarro y sobre esa melodía escribió «No te quieres enterar, ye, ye», «La chica ye yé» no existió.

Algueró tampoco escribió «Tómbola». Compuso, que no es lo mismo, una melodía que sólo decía: «Tarára, tararará, tá, tá, tátara». Hasta que vino el imprescindible Antonio Guijarro y sobre esa melodía compuso su letra: «La vida es una tómbola, tom, tom, tómbola», la tal «Tómbola» no existió. Pero, vamos, ni en la televisión valenciana con Ximo Rovira.

Cuando Algueró comenzaba a componer, todavía existía la bendita costumbre de citar a los autores de letra y música de una canción cada vez que sonaba por la radio. En el Festival de Benidorm de su primer triunfo en 1959, con «La montaña» que cantó José Guardiola, aún repetían que la música era de Algueró, pero la letra de Santiago Guardia. Era la España de la radio de cretona que creó a Miguel Poveda y a Serrat, en la que se citaba a Quintero, León y Quiroga, a Ochaíta, Valerio y Solano o a Perelló y Mostazo, cuya memoria musical, por cierto, habría de acabar borrando Algueró: lo moderno ganó a lo que se condenó por folklórico. En aquella radio del programa de unos oyentes que cada vez pedían menos las canciones anunciadas como de Quintero, León y Quiroga antes de poner el disco de La Piquer, empezaban a sonar las de Guijarro y Algueró, aún citados así, a la antigua usanza. En aquella España de los festivales de Benidorm o del Mediterráneo (hasta uno de canción andaluza inventaron en Jerez para los nardos con bata de cola) aún se hacía justicia a los letristas.

¿Dónde está ahora la SGAE para defender el principal derecho de un autor, que es el reconocimiento de su obra, cual la letra de una canción? Cuando murió Enrique Llovet y yo le dediqué un gorigori como autor de la letra del «Yo te diré», la habanera de «Los últimos de Filipinas», muchos se enteraron entonces de quién había escrito esa delicia con palmeras y amores de azúcar cande. Ahora, en la muerte de Algueró, nadie ha hecho justicia a Antonio Guijarro, su principal letrista, del que no sabemos nada. Nos han hecho creer poco menos que Algueró escribió la letra de «Penélope», cuando es de Serrat. O de «Enamorada», cuando es de Rafael de León. Triste sino el de Tío Rafael de León. Esa música ligera a lo Mancini, a lo Legrand, que acabó imponiendo en España la estética del Festival de San Remo, fue la que borró del gusto del público las «canciones de letra», la copla. En sus últimos años, Rafael de León tuvo que escribir moderno, yeyé y chachachá flamenco, y pasar, ay, de Quiroga a Algueró, cualquier cosa... La copla andaluza había muerto a manos de la Industria Algueró, no se olvide. Lo que pasa es que, igual que de los autores que escribieron las letras de sus canciones, los del gorigori nacional de Algueró no se quieren enterar, ye, ye.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Guijarro_Campoy

Antonio Guijarro Campoy fue un letrista español de canción popular, nacido en la ciudad de Cartagena, provincia de Murcia, 1925 y fallecido en Madrid en 1982, hijo de Antonio Guijarro y Carmen Campoy Zapata. En su infancia, transcurrida en vecina ciudad de La Unión, estudió piano con una profesora privada. Su madre le instiló el gusto por la poesía y la declamación. Adolescente aún, tras la muerte de su padre dejó el hogar materno (desaprobaba una unión sentimental no marital de su madre, de la cual nació un hermano) y buscó la ayuda de parientes paternos en Madrid. Luego de abandonar estudios de Farmacia (descendía de una estirpe de farmacéuticos), se dedicó de lleno a su vocación de letrista. Hacia 1953 comienza a ser requerido por notorios compositores del “pop” de la época. Escribe, pues, para Genaro Monreal (“Pasodoble, te quiero,” “Ni se compra ni se vende”), Enrique Cofiner (“Me gusta mi novio”), José María Gil Serrano (“A lo loco”); Ramón Arcusa (“Quisiera ser”); José Torregrosa (“A pesar de todo”), Manuel Alejandro (“No tengo, no tengo”), etc. En sus últimos años, su bonanza económica vino de la colaboración con el conocido músico Augusto Algueró, y vale decir que los grandes éxitos musicales de éste último sin duda habrían tenido distinta suerte sin las letras con chispa, talento y hábil versificación de Antonio Guijarro. Conocidos títulos del tándem Algueró-Guijarro son “Tómbola,” “Estando contigo,” “La chica ye-yé,” “Noelia,” “Ola, no vengas sola,” "Más bonita que ninguna", “Nubes de colores,” y un largo etcétera. Intérpretes de sus letras fueron, entre otros, Raphael, Conchita Bautista, Carmen Sevilla, Manolo Escobar, Concha Velasco, Marisol, Rocío Dúrcal, Luisa Linares, Nino Bravo, Javier Solís, Alejandro Fernández... Junto a su paisano Ramón Perelló y Ródenas y el célebre Rafael de León, Guijarro forma la gran tríada de letristas de canción popular española de posguerra. Con todo, poco o nada más se sabe de la vida del discreto y solitario personaje que fuera Antonio Guijarro. Su paradoja es que no hay letras más célebres para letrista de más oscura biografía.

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