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Juan Manuel Cidrón

Vive rodeado de instrumentos. Es así. Para muchos -yo incluido- Cidrón es un referente de la denominada música electrónica. Excelente músico y mejor persona, Juan Manuel Pérez González -el alquimista del sonido- vino al mundo en Almería en 1957. Nació en una vivienda de la calle de Las Tiendas, muy cerca de donde vive en la actualidad. Hizo el bachillerato con buenas notas. Se matriculó en Magisterio, pero a los dos o tres años lo dejó por la música. Ya le fascinaban los sonidos.

Tiene la carrera de piano y solfeo, cinco años que ya le marcarían para el resto de su vida. Primero fue el piano, luego los sintetizadores, después una suma de experiencias cósmicas que ha ido dejando reflejaos en sus doce trabajos publicados. Dos vinilos, un mp3 para la revista "Salamandria" y el resto CDs. Su ultimo disco proyectado para 2009 se titula "De la sombra y de la espuma". Se trata del magnifico concierto de música electrónica que Cidrón ofreció en la iglesia de Las Puras el pasado 12 de marzo de 2008, con motivo de las XXV Jornadas de Teatro del Siglo de Oro. Algo inédito hasta entonces y posiblemente una de sus mejores obras.

Lleva más de treinta años metido en la música. Fue en verano de 1976 y tenia 19 años. Fue su bautismo sonoro "fabricando" una maqueta con dos casettes, armonizando ruidos. En 1977, el malogrado músico Javier Martínez, lo llamó para formar Nirvana, el que fuese sin género de dudas el primer grupo rock de Almería en aquellos años. Allí se mantiene hasta que junto a Paco Palenzuela Salinas decide formar "Hipokeymenon". Un dúo diferente a todo cuanto a música se refiere respecto a lo que sonaba por Almería. Hacen algunas maquetas e incluso llegar a ser teloneros del mítico grupo "Doctor Feelgood". Su andadura en solitario se inicia grabando tres CDS con los títulos "Sonidos para acciones" I, II y III. En el primero de estos CDs se incluye otra obra muy popular dedicada al desierto de Tabernas. Posiblemente su álbum "Inox" sea el de mayor calado y más popularidad entre el público. Mención especial merece "Yaset", otro tema clásico e inconfundible en la música de Cidrón.

Desde hace unos años, compagina su labor en solitario con su participación en los grupos "Piel de Canto" y "Alondra Satori". Se trata de un triple disco resumen de 25 conciertos ofrecidos en otros tantos lugares de la provincia durante el verano de 2007, en tres formatos diferentes: acústico, electroacústico y electrónico. Entre otros trabajos, Cidrón ha destacado por sus colaboraciones con el Centro Andaluz de Teatro en la obra Cinco peldaños, dirigida por Rafael Torán, para quien compuso la música; con el histórico grupo de teatro almeriense Axioma, en Metamorfosis 93; en el documental Operación Flecha Rota, de José Herrera, sobre las bombas de Palomares; o con el cortometrajista Juan Gómez, en Ansium. Está en tu mente.

José Ángel Pérez García






















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Juan Manuel Cidrón
Publicada el 01 Marzo 2012 por David Puente

Me llega de Rotor un mail firmado por Andrés Noarbe que me dice que el almeriense Juan Manuel Cidrón tiene nuevo disco a la venta y que está disponible para entrevistas. Leo entre líneas que Noarbe lo propone como personaje ideal para el género del pregunta-respuesta más que por mor de la promoción pura y dura. En casa el disco nos ha gustado mucho. No deja de sonar en tres días. La primera vez que lo pinché sonó el teléfono y apareció la voz del propio Cidrón que me devolvía una llamada perdida: "Hay muchas casualidades que forman parte de una red estelar. Un cúmulo de energías que revolotean por el aire y que obviamente no vemos pero guían nuestra vida. Creo en una luz universal que es mi apoyo". Después me asomé a la ventana para observar a lo lejos, o no tanto, aquellas luces que se mueven por la periferia.

Se le relaciona con la escuela de Berlín. Pero usted nunca estuvo allí, ¿no?
Lo que sentí por la escuela de Berlín fue fascinación. Sobretodo me sentí atraído por Tangerine Dream que fue la banda que me planteó por primera vez las posibilidades de la electrónica pura. Me empecé a interesar por los osciladores a los 15 años, a mediados de los 70.  Hasta entonces me gustaban mucho los Emerson Lake & Palmer. Lo que se llevaba por entonces era el rock sinfónico que ahora se llama progresivo. Pero con Tangerine Dream me empecé a decantar por lo envolvente. Por la música que te hacía volar. Leyendo revistas como Disco Express, aún guardo todos los números, descubrí después a Klaus Schulze a quién conocí unos años después en una de sus visitas a España y llegamos a charlar un buen rato de música cósmica. También compraba la revista Vibraciones pero Disco Express era mi preferida. De vez en cuando viajo hasta Berlín, pero porque me gusta la ciudad, sus tiendas de discos. Otra persona muy importante en mi vida fue mi amigo Javier Martínez que tenía un grupo llamado Nirvana. Murió a los 18 años en extrañas circunstancias. Fue un misterio para todo su círculo social. De esas pérdidas que quedan para la leyenda. De hecho siempre lo vi como la reencarnación de Jimmy Hendrix, obviamente por como quedaba poseído una vez se enfundaba su guitarra. Otra persona muy importante en todo esto es mi madre, se puede decir que mi principal fan, que me regaló un órgano de 20.000 pesetas, de tres octavas, generaba cuatro sonidos. Pero para mí ese órgano representó un mundo ilimitado por descubrir.

¿Qué impacto más sensacional ese primer contacto con los pioneros de lo cósmico? ¿O no fue para tanto?
Efectivamente. En aquella época los primeros productores de electrónica generaron mucha sorpresa y mucha curiosidad. Para mí la electrónica es un satélite del planeta rock. Muchos grupos de rock "raritos" como Kraftwerk, evasivos de las formas tradicionales del rock, empezaron a alumbrar nuevas maneras de concebir la música más allá de la música en sí. Nuevas formas que compartían un mismo espíritu.

¿Qué ha cambiado en su manera de producir música desde entonces hasta este Patagon que se convierte en su décimo trabajo publicado?
Mi música ha cambiado desde finales de los 80. Aunque igual no tanto como podría deducirse de esos 30 años que llevo a mis espaldas. La experiencia me dice que hay pocas cosas tan trascendentales en tu vida como para que tu actitud cambie. Santana y Led Zeppelin primero, y los cósmicos después, me hacían sentir por la música lo que siento por la vida. Y así seguirá siendo. Lo primero que produje con aquel órgano que me regaló mi madre fueron dos temas que aún tengo guardados en casa: Alfa y Andrómeda se titulan. A partir del año 79 fui adquiriendo equipo. Recuerdo que el batería de Dr Feelgood me trajo un secuenciador de contrabando y cerramos el trapicheo por un precio asequible, uno de esos antiguos de dos pasos, 16 notas y cuatro posiciones de salida. Entonces empecé con el grupo Hypokheimenon que, por cierto, es un término que se refiere al ente energético que gobierna nuestras vidas. Del año 79 al 84 tocábamos en sitios donde no venía nadie. Lo que queríamos era grabar cuatro temas con los que montar un LP que mover por ahí. Cuando tuvimos el master terminado, mi compañero Francisco Valenzuela y yo tuvimos un encontronazo y aquel material se quedó en un cajón. Él quería tirar hacia el blues y yo ya estaba muy obsesionado con el ambient y el cosmic. Cuando se cumplieron 25 años de aquel master lo celebramos con una edición de tirada limitada.

Igual es que lo suyo no era trabajar en grupo...
No soy nada huraño. Pero reconozco que soy muy independiente. En la vida hay que compartir, eso está claro, pero en los últimos tiempos disfruto mucho de mi soledad. Me gusta ir de cervezas con mis amigos pero es estando solo cuando encuentro esa paz interior necesaria para disfrutar de mi propia vida.

Usted que es un alma sensible debe recordar las sensaciones de su primer directo... ¿Mucho vértigo?
Mi primer concierto fue en abril de 1981. Fue en la sede de la asociación filarmónica de Almería. Tenía una acústica increíble. A aquel concierto si que vino gente. Se llenó con más de 100 personas que compartieron conmigo un momento mágico, el principio de un sueño que era tocar en directo. La mía es una música que como tantas otras genera una suerte de hipnosis. Soy una persona de naturaleza obsesiva y la música me saca de esa dureza o aspereza vital. Es un método de expresión que te saca de tu cuerpo y por tanto de tus derias y obsesiones. Una buena manera de airear lo que tienes dentro. Es como una sensación de desnudez que todavía me produce una cierta vergüenza cuando toco para gente que no conozco, vecinos, gente que está de paso por casa… Al principio me metí más en el minimalismo, preferí quedarme con la secuencia y con los desarrollos rítimicos. Los primeros discos iban por ahí. En el 97 se me destruyó el ritmo. Por acontecimientos personales, dejé de hacer música durante un par de años. Allá por 1998 únicamente repasaba mis temas ya editados por si me salían conciertos pero sin crear de la nada. Tuve una historia personal con una chica… de esas cosas que te pasan por la vida. A partir del 2001 retomé el trabajo en estudio y hasta ahora que voy a un ritmo de un álbum cada dos años.

Después de todo ese periplo vital y artístico, o ambas cosas, llega 2012 con su nuevo disco: Patagon.
Es un disco que se lo dedico a la Patagonia. Nunca he estado en aquella tierra pero ya desde pequeño siento fascinación por aquella esquina del mundo. Sobretodo por sus particularidades a las que les he dedicado los dos temas de Patagon. Por un lado tenemos a Epuyen que es un pueblo que se encuentra al sur de Bariloche en el que la gente vive del trueque y en comunas como los hippies. Por su parte, Katavatik es un viento que se da en muy pocas partes del planeta además de en la Patagonia y probablemente en la Antártida. Vientos que van de arriba abajo, de la montaña a la planicie.

Otra de sus grandes pasiones es la radio.
La radio y la música han viajado en paralelo por mi vida. Monté un club de música en Almería con unos amigos que se llamaba Pentagrama en el que se podía escuchar música clásica, de cantautor, progresiva, de la escena de Canterbury… Cada cierto tiempo montábamos una audición en el que uno de nosotros elegía un disco que acaba de descubrir para que lo pudiéramos escuchar todos. Entonces pensamos que eso mismo lo podíamos montar en la radio. Con mucha ilusión y pocas expectativas fuimos para SER en su delegación de Almería y ante nuestra sorpresa nos dijeron que si, que adelante, que nos iban a pasar el piloto un domingo a las 19.30 después del Carrusel Deportivo. Por entonces no existía la FM y nos radiaron en Onda Media. La semana que viene se cumplirán 35 años de aquella primera emisión que constaba de un especial dedicado al grupo Atila de Girona. Me puse muy nervioso porque soy muy orgánico. De hecho, recuerdo perfectamente las que fueron mis primeras palabras ante el micrófono: “Atila, rock de Girona. Buen rock”. Fue lo primero que dije. Recuerdo que un señor que estaba allí en la radio haciendo no sé muy bien qué nos dijo: “Menos mal que ahora vamos a poner música nosotros”. A pesar de ese comentario estuvimos dos años en Radio Almería. A los tres meses de empezar con ellos decidimos probar con otro programa en Radio Juventud que también nos dieron. Yo no lo entiendo. Corría finales de los 70 y nos dejaban poner lo que quisiéramos.

El poder evocador de la radio se vuelve a poner en marcha...
Mi gran referente radiofónico de niño fue Enrique Martínez Leyva, un loco de la radio almeriense, que tenía unas grandes cualidades como relaciones públicas. Iba a la emisora con cuentas de publicidad que cambiaba por horas de emisión que convertía en sus propios programas. Vivía de la publicad con la que esponsorizaba esos mismos programas que él mismo dirigía y que además eran muy atrevidos para la época. Después trabajé en un estudio de grabación de la agencia de producción radiofónica Plataforma donde me encargaba de grabar todos los programas y las cuñas publicitarias que pasaban por mis manos. Ayudaba también en la producción de otros programas. Ya de mayor coincidí con él en el estudio de la agencia que daba servicio para producción de programas externos. Un buen día me dijo si quería ir a su programa. Al tiempo me propuso que hiciera yo el programa porque él ya estaba demasiado liado con gestionar la publicidad, ahora es un publicista de prestigio. Así que me convertí en el último locutor de aquel programa que fue una institución en la zona, Plataforma Mundial del Disco. Me levantaba temprano los domingos para estar preparado para escuchar el programa a las 11 de la mañana. Empezaba con aquel gran clásico de la Motown, aquel Get Ready que escuchaba con devoción animado por el inicio del programa. También me gustaba mucho el programa de madrugada en RNE de Ramón Trecet, Diálogos con la música en el que se escuchaba desde Triana a Vangelis. Recuerdo que dejó sonar uno de mis temas durante los doce minutos que duraba. Le pasé el disco cuando nos conocimos en Sevilla en 1989. Durante un ciclo de nuevas músicas que se celebró en la capital hispalense y que programó a gente que por entonces eran los más conocidos en la escena new age como Michael Nyman, Phillipe Glass, Klaus Schulze y Robert Fripp, entre otros. Quedábamos Ramón y yo en un bar por las tardes y comentábamos la película del festival.

Ya no va a ver conciertos...
A pocos, pero aún me dejo caer en alguno. Lo que busco ahora cuando voy a ver un concierto es recuperar la capacidad de sorprenderme. Normalmente eso me sucede con nuevos artistas, con los que voy descubriendo, por lo general los que descubro por casualidad. Aunque hay excepciones. Por el ejemplo, el último concierto que he visto en directo creo que fue en el Fòrum de Barcelona. Fui a ver a Radiohead. Flipo mucho con el guitarrista. De hecho creo que Radiohead son la banda del momento. La que se recordará de aquí a unos años como la mejor entre las más populares. También estuve en uno de los conciertos de la gira 360° de U2. Si, a U2... Es que me gusta mucho como The Edge carga con el peso de la banda. Se nota que viene de los preceptos de Brian Eno. Esa cosa repetitiva con los arpegios y el delay. Mueve a la banda como pocos. Pero si me tengo que quedar entre Radiohead o U2 me quedo con los primeros. Son mucho más arriesgados. Van más allá. Ir más allá es lo que más me gusta en esta vida. Me produce cosquilleo que no sepamos dónde estamos y eso me parece fantástico.

No sabemos donde estamos pero algo de lo que le deparará este 2012 si que lo tendrá más o menos visualizado...
Mi nuevo disco saldrá en noviembre pero está gestado en verano que es una estación que vitalmente no me gusta tanto como el otoño pero me he dado cuenta que es la más productiva para mí. Es un disco muy especial y quiero que salga en noviembre. Es el mes más silencioso del año, el más puramente otoñal. Recoge muchas experiencias de mi vida. Es un guiño entre el universo visto desde dentro y sentido desde fuera. El planteamiento y la relación que existe entre la vida y la muerte. Además incluye el tema más largo que he grabado hasta ahora, un total de 63 minutos de tema que por razones obvias saldrá en CD.

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